lunes 23 de noviembre de 2009

Con preservantes y colorantes artificiales

Me cargan los consejos para tener una vida saludable. Y no es sólo porque me tenga sin cuidado lo saludable, que es verdad. Sí, llevo un par de meses haciendo ejercicio -con 2 semanas de vacaciones durante las ifnernales semanas de fin de semestre, que terminaron ayer- y comiendo verduras en la noche, pero no es para estar sana sino flaca. Y si dejé de fumar fue porque ya me estaba saliendo muy caro y prefería comprar ropa y no pedir plata prestada para fotocopias, y de paso tener la piel más nice ahroa y en el futuro, y no por los pulmones que, aunque son tan míos como mi piel, no se ven y jamás me han tenido mucha buena. Uf, me fui a la chucha.

A lo que iba: Me cargan los consejos para tener una vida saludable. Porque puta, perdón, pero no encuentro humanamente posible caminar mínimo 30 minutos diarios, comer como 5 porciones de verduras mas no se cuantas de frutas (cuánto es una porción?), masajearme con aceite de almendras cuidando de aplicar la presion suficiente pa que sirva como masaje linfatico, no escuchar música fuerte en el mp3, ocupar la pieza sólo para dormir y hacerlo por 8 horas diarias, ojalá desde temprano para así levantarse con el sol a practicar yoga y producir hormonas bakanes. Sorry. No. Como cuestiones llenas de colorantes y preservantes, paso la mayor parte de mi tiempo de vigilia en mi pieza Y en el computador, uso siempre ascensor y jamás escaleras, etc.

En resumen, mi vida está llena de químicos y mi tiempo pésimamente distribuido. Pero, la dura, creo que tratando de ser sana me estresaría tanto que me enfermaría brígido.

viernes 9 de octubre de 2009

Volviendo

Es complicado. Es un ensayo.



:)

domingo 4 de octubre de 2009

un arrebato,

Quiero hacer algo y no sé qué.
Ya estoy bien harta de esgrimir bloqueo creativo como excusa.
El bloqueo eterno es que no hay nada.
Tampoco hay eternidad, ja. Ése no es el punto.
Mis períodos up n down son tan obvios que me da latita exteriorizarlos, pero permitámonos una licencia de sábado por la noche.

jueves 25 de junio de 2009

Criticona

Estos últimos días he leído -obligada, no me crean tan intelectual- algunos textos críticos o algo así sobre la Bombal, sobre Borges, Donoso (José, por favor!) y Cortázar. Y de ellos, también. Supongo que nadie espera que vaya a dedicar esta entrada a una especie de visión académica sobre esto, pero, porque uno nunca sabe, advierto que no lo haré. Sólo quiero dejar escrito lo que pensé a raíz de esto. Y no es algo nuevo, lo suelo pensar de cuando en cuanto.

¿Alguien va a escribir alguna vez algo así sobre mí? Aunque la primera pregunta que surge siempre no es esa, no, porque -narcisista- lo primero que hago es pensar desde mi posición, entonces todo comienza con "¿Alguien va a leer alguna vez algo así sobre mí?", y sólo entonces viene el "¿Alguien va a escribir...?", bla. Y sí, a veces pienso en formas más ñoñas, tal vez menos ñoñas, ¿voy a terminar publicando algo? ¿Seré famosa? Si es así, supongo que tendré que morirme primero, así que después me cuentan. Si no, mejor sólo llévenme flores blancas a cualquier parte.
Sobre premios mejor no decir nada más que esto: antes, en mi inocencia juvenil, quería un Nobel. Ahora prefiero ser recordada como la maravillosa autora que debió ganarlo y jamás lo recibió. Como Mishima o como Borges (ojo que no le tengo ningún afecto especial a Borges, pero cuando uno estudia weás hispanoamericanas no puede evitar que le salga del teclado o de la lengua ocasionalmente).

Ahora, una cosa que me interesa harto -o algo- más que mi gloria o no gloria, jaja, es el asunto de las lecturas e interpretaciones. Supongo que al leer a un tipo seco -perdón, pero me cuesta pensar en una tipa seca- hablando secamente sobre la obra de un escritor, o sobre el escritor mismo o su espíritu o la weá que sea, uno debería pensar "oh, el tiene razón" o en último caso "oh, nada que ver, su interpretación no se corresponde con lo que a mí me parece". Claramente, no me suele pasar ninguna de las dos cosas. En general sólo digo "ñeeee, pobre weón" (hay testigos que han leído palabras similares de mi puño y letra violando las venerables fotocopias), pero varias veces también me río, o me da rabia. Por partes:
1) Me río, porque qué cantidad de cosas se puede vomitar cuando uno está decidido a encontrar algo. O sea, más que al escritor que con su obra logró generar una ruma (qué mierda es una ruma?) de estudios, yo propongo levantarle hoy mismo un monumento a los estudiosos que estudiaron e hicieron estudios. Porque puta que hay que tener imaginación, encuentro yo -y por favor que alguien me corrija si estoy hablando pelotudeces producto de la hora-, para ver un sentido oculto y apocalíptico en cada nombre de un personaje, en cada coma, etc. Seguro que hasta el número de páginas de una novela debe tener algún significado cabalístico que aún -ay, mísera de mí- desconosco. Con esto quiero pasar rápido al otro punto, porque me tengo que ir luego.
2) Me da rabia, porque ya cortémosla con la idolatría. O sea, suena estúpido que lo diga yo, terriblemente inconsecuente, porque me encanta lo del aura del poeta y la cagá. Pero en serio, los escritores son hombres (bueno, ya, y mujeres). Punto. Habrá varios muy secos, más sensibles, más creativos, más visionarios, más lo que quieran que el común de los mortales. Yo me siento un poco -harto- así, no es ninguna sorpresa que lo diga, me imagino. Pero eso de creer seriamente, o decir con aparente seriedad para hacer caer a los incautos, que tal loco buscó configurar en su obra X noción de la identidad del sujeto y la volá, sumado a miles de otras lecturas posibles de cada obra, me parece un poco mucho. Para mí -al menos es lo que yo ahgo, aunque aún no he cometido, a Hyde gracias, la chabacanería de autoproclamarme escritora-, la cosa es que uno tiene unas ideas, se sienta y escribe. Sí, probablemente en lo que escribes se va a reflejar en cierto modo tu sentir interno sobre, sigamos el ejemplo, la identidad del sujeto. Pero hasta ahí. Por eso me da rabia, porque encuentro una weá demasiado barsa ir e interpretar o leer un libro como si lo que el crítico encuentra en él fuera algo que el creador puso adrede, a ver quien era el primer vivo que lo descubría. Señores, se están leyendo ustedes mismos (ja). Honestamente no creo que el escritor querido esté con todas esas ideas pelotudas en la cabeza mientras se entrega a la hercúlea tarea de escribir algo que al menos valga el papel en que se va a imprimir. Para eso, mejor que sea crítico literario.

lunes 25 de mayo de 2009

Like a flower


Quiero que conste en todos los registros, para la posteridad, que tengo clarísimo que lo que voy a decir es demasiado anciano: La vida es desesperadamente frágil.

Ok, hagamos una pausa... WTF? Sí, lo sé, pero es que es verdad! Ya, me explico: lo creamos o no, el tema que hoy nos convoca surge de la gripe porcina. Juro que en el fondo todo tiene sentido.

Ya, siguiendo con la ancianidad, la vida es desesperadamente frágil. Un segundo, menos de uno, y se fue. Por cualquier cosa. Por la gripe porcina, porque una repentina actividad solar cambie los polos magnéticos de la Tierra, porque no viste el auto que de pronto chocó el tuyo o porque no sabías que eras alérgico a las picadas de abeja.

Siempre le tuve miedo al fin del mundo. En serio. A los 4 años o por ahí -lo sé porque era el tiempo en que aún me daba miedo ir al baño sola y para convencerme pensaba que las tortugas ninja no tendrían miedo en esa situación-, había en el baño de mis viejos un mueble de mimbre donde ponían las revistas. Tenían una, creo que era una VEA, y en la portada salía una foto de la tierra con la atmósfera muy blanca y brillante. A todo esto, yo todavía no sabía que la Tierra tuviera atmósfera. En fin, que sobre la foto decía en sensacionalistas letras amarillas o rojas "¿SE ACERCA EL FIN DEL MUNDO?". Sí, mi hermana me enseñó a leer a los 3. La cosa es que la revista de mierda me daba terror, no sé por qué, dudo que a esa edad entendiera realmente de qué se trataba lo del fin del mundo. O tal vez sí; era fanática de los documentales sobre dinosaurios del Discovery, y solían hablar de meteoritos u otras hipótesis sobre su desaparición.
Para el año nuevo 1999/2000, mejor ni les cuento. Con el corazón en la boca por tres días.

Y ahora? No sé. Predicciones mayas, de místicos extraños, gripe porcina, contaminación, tercera guerra mundial, tantas weás que podrían pasar. Me da miedo? Sí. Pero también me hace sentir viva. No me puedo morir sin haber hecho algo. No sé si será por una pandemia o un cataclismo el 2012, si será mañana cruzando la calle o en 70 años más en una cama rodeada de nietos y con un par de bis. Sólo sé que pueden hacer reducción de personal en cualquier momento y que no voy a quedar cesante sin haber dejado una huella. Así que me tengo que apurar. Quiero florecer y caerme a la vereda con los pétalos abiertos, caerme desde la cima misma, como una flor de cerezo. Así como el ideal samurai.

domingo 24 de mayo de 2009

Aire, soñé por un momento que era aire

Lo que pasa es que siento demasiado. Es que siento cosas que no tienen sentido ni asidero. Como que antes -mucho antes- que un ser pensante, soy un ser sintiente, y siento weás que no tienen nada que ver con mi vida sólo porque las necesito para sentir que estoy viva.

A veces me dan ganas de hibernar en serio. No sólo porque sea floja y me guste acurrucarme por la vida, sino porque así tendría tiempo de sentir tantas cosas! Sentir en palabras no es pensar.

En noches como ésta soy yo misma. La misma yo que he sido siempre. La yo que a los 12 años miraba velas y hablaba con nadies -con ella misma?-, que a los 14 se paró en una plaza con alguien a quien quiso muchísimo y fue el cielo negro corriendo por la pista de skateboard, que a los 16 tuvo 16 y ahora tiene 20 y sigue sintiendo igual. En el fondo. En el fondo el fondo es lo único que no cambia. Porque en momentos como éste pienso "weón, qué la raja que soy yo". No quiero que se entienda mal, pero tampoco sé explicarlo. Es algo que tengo dentro y de pronto lo descubro fuera, flotando, en el aire que respiro, siempre en la noche, creo. Es como que soy grande y pequeñísima a la vez. No sé, ahora que lo pienso, si no sonara tan chanta casi diría que es como una experiencia mística. Tal vez es como la experiencia universal. Es como el verdadero ser? Soy el universo y todas las personas y todos los tiempos y todas las cosas. Pero a la vez soy sólo, única y exclusivamente yo, aquí y ahora y fin.

martes 28 de abril de 2009

Cuando estoy feliz no puedo escribir

Sólo puedo elaborar listas.

Puedo decir que estoy feliz porque acabo de terminar mi ensayo para Schoni -gracias, Marco-, porque no tengo que pagar cuentas, porque me hacen la cama y el almuerzo, porque lo paso bien en la U y tengo ramos que me gustan, porque este año ando más guapa y me puedo comprar cosas.

Puedo decir que hay razones para estar feliz que no se pueden decir y que hay razones para no estarlo que hoy no se quieren decir.

Puedo decir que a veces me pasan cosas extrañas, como ahora que mientras cerraba La última niebla de la María -de la M. Luisa Bombal y la M. José Fuentes-, salió de entre unas páginas un papelito impreso con dos fotos sepia de una mujer que supongo que es la María LB y que lo puso ahí la María JF, pero que igual me pareció creepy y me dio cosa.

Puedo decir que tengo que ir a dos bancos distintos esta semana e imprimir tres cosas distintas mañana en 10 minutos, lo que no es físicamente posible para mí.

Puedo decir que tengo ganas de dibujar y de cantar, aunque me salga mucho mejor lo primero que lo segundo.

Puedo decir que puedo, pero no puedo escribir.
Casi me dan ganas de estar triste de nuevo.